Los hábitos orales de succión no nutritiva, como chuparse el pulgar, los dedos, los chupones u otros objetos, son bastante comunes en los niños y a menudo se consideran una forma de consuelo y autoregulación emocional. Sin embargo, es importante estar atentos a la duración de estos hábitos, ya que pueden tener consecuencias negativas en el desarrollo dental de los niños.
En este artículo, exploraremos cuándo es recomendable que los niños dejen de chuparse los dedos y los efectos que pueden tener si continúan más allá de cierta edad.
Los beneficios de los hábitos orales en los niños
Es importante destacar que los hábitos orales de succión no nutritiva en los niños más pequeños, dentro de la edad recomendada, tienen ciertos beneficios. Estos hábitos pueden ayudar a los niños a autoregularse emocionalmente, proporcionar consuelo y relajación en momentos de cansancio, aburrimiento, ansiedad o malestar.
Además, el uso de chupones o chupetes se ha asociado con una disminución en la incidencia del Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL).
El impacto negativo de los hábitos orales prolongados
Aunque los hábitos orales de succión no nutritiva son normales en los primeros años de vida, es importante que los niños abandonen estos hábitos dentro de un rango de edad específico.
Si los niños continúan practicando estos hábitos más allá de la edad recomendada, pueden surgir problemas en el crecimiento y desarrollo de las estructuras del aparato estomatognático, especialmente en los dientes.
Consecuencias dentales de los hábitos orales prolongados
Las consecuencias de los hábitos orales de succión no nutritiva prolongados dependerán de la frecuencia, intensidad y duración del hábito. Una de las consecuencias más comunes es el desplazamiento de los incisivos centrales hacia arriba y hacia adelante, lo que puede causar una maloclusión de mordida abierta anterior. En este tipo de maloclusión, los dientes superiores e inferiores no se encuentran en contacto adecuado al cerrar la boca, dejando un espacio visible entre ellos.
Ejemplos de malos hábitos orales de succión no nutritiva
Existen varios ejemplos de malos hábitos orales de succión no nutritiva que deben controlarse y, en última instancia, eliminarse dentro de la edad recomendada. Estos incluyen:
- Chuparse el dedo pulgar de manera prolongada: El uso constante y prolongado del pulgar como fuente de succión puede ejercer presión sobre los dientes y provocar desplazamientos indeseados.
- Utilizar chupones fuera de la edad recomendada: Los chupones, aunque pueden tener beneficios temporales, si se utilizan más allá de la edad recomendada, pueden afectar el desarrollo adecuado de la dentición y la oclusión dental.
- Frotar de manera prolongada la lengua sobre la superficie lingual de los dientes: Este hábito puede ejercer presión y causar movimientos inadecuados en los dientes en proceso de erupción, lo que puede conducir a problemas de alineación y maloclusiones.
- Seguir utilizando el biberón después de los 12 meses de edad: El uso prolongado del biberón puede tener efectos similares a los de los chupones, ya que puede interferir en el desarrollo normal de los dientes y la oclusión.
Intervención recomendada para romper los hábitos orales prolongados
Es importante que los padres y cuidadores intervengan para ayudar a los niños a abandonar los hábitos orales de succión no nutritiva antes de que los dientes permanentes erupcionen.
Según la Academia Americana de Pediatría (AAP), se recomienda intervenir alrededor de los 3 años de edad. Esto implica una combinación de estrategias que pueden incluir técnicas de distracción, recompensas, recordatorios suaves, uso de dispositivos de protección para el pulgar y el apoyo emocional.
Conclusiones
En resumen, los hábitos orales de succión no nutritiva son normales y beneficiosos en los primeros años de vida de los niños.
Sin embargo, es crucial que los niños abandonen estos hábitos dentro de la edad recomendada para evitar problemas dentales a largo plazo. Los padres y cuidadores desempeñan un papel fundamental en la intervención temprana y en la promoción de hábitos orales saludables.
Consultar con un dentista pediátrico puede brindar orientación adicional y apoyo en el manejo de estos hábitos y en el cuidado dental general de los niños.
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